Carta abierta a Edesur

· Abuso corporativo
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Buenos Aires, el 20 de febrero de 2019.

 

A los Señores Directores de Edesur

 

De mi mayor consideración:

Escribo esta carta, no como cliente a quien Ustedes facturan, pero tal hecho no me quita el derecho a los comentarios siguientes, ya que pago indirectamente, – no sólo en efectivo, pero en inconvenientes cuando haya falencias en el servicio que Ustedes proveen.  Lo hago como un especie de amicus curiae; defiendo a quien Ustedes amenazaron con acciones judiciales irrelevantes.

Al no ser recipiente de una factura, no puedo, – si no me equivoco, – presentar quejas ni por teléfono, ni personalmente.  Soy un subusuario, o sea, para Ustedes, una subcategoría de persona, un Untermensch.  No obstante, será bueno si Ustedes podrían distinguir entre personas como yo, y el lumpenproletariado que se enganche gratuitamente a sus servicios, casi como un guiño suyo, por acto de comisión o omisión.  Diría más sobre esto  cerca del final de esta carta.

No escribo para quejarme de los tarifazos.  Es un tema más bien político, o sea, partidario. Definitivamente, es materia para un análisis de parte de economistas.  Éstos agregarán sus propios prejuicios a sus conclusiones.

Lo que voy a comentar es un caso específico de ineficiencia e injusticia.  Veo que las empresas públicas (o sus equivalentes privadas) siguen con una política de “pagar primero, quejarse después”.

Escribo esto por ser testigo en algunos de los detalles que voy a enumerar.  Hay evidencia escrita que algunos de estos detalles fueron enviados a una Fiscalía de la Ciudad de Buenos Aires.  Para proteger a mí mismo contra posibles represalias, necesito mantener oculto el nombre y dirección del cliente; pero seguro, con las diligencias necesarias, podrían tener una buena idea de quien se trata. Asimismo, para proteger a otros, me limito a usar formas masculinas y plurales cuando las situación podría exigir la necesidad de estas usanzas.

El quince o dieciséis del mes corriente (febrero) vi una carta, aparentemente entregado por correo privado, con un tipo de certificación.  Al dorso, indicó que fue una factura con vencimiento.  Esta carta vi por casualidad, porque resulta que todas las facturas destinadas al titular de la propiedad usualmente terminan confiscadas por unos usurpadores del lugar en cuestión. Al haber sido tomado con violencia dicha propiedad, el titular de la misma no tendrá acceso hasta después del desalojo programado, – ya prorrogado dos veces.

Traté de entregar la carta el 19 de febrero, pero la empleada me negó un recibo por la misma, por lo tanto, se demoró la entrega hasta el 21, o sea, el lunes de la nueva semana.

Si entendí mis  jeroglíficos correctamente (usados para evitar impartir información a aquellos que no deben tener acceso a la misma), el monto de la factura fue $117.174.92.  La cantidades de miles de pesos, y de los centavos, me parecen correctas.  Sólo hace falta buscar en sus datos para determinar la dirección a la cual su carta amenazante fue dirigida.

La lectura de la carta fue en voz alta, y oí cosas tales como los siguientes:

  • Se exigió el pago dentro de un plazo de 48 horas.
  • Se habían detectados irregularidades en las instalaciones.
  • Se amenazaba con tomar acciones judiciales por estas irregularidades contra el destinatario de la carta.

El segundo y tercer punto son aquellos que generan la queja presente.

Ya casi un año atrás, unos sujetos que no quisieron pagar el alquiler fueron deprivados del suministro de electricidad a sus habitaciones, en un esfuerzo de forzar su desalojo.

Violaron la caja de disyuntores de circuito, y se conectaron clandestinamente. Se tomaron “selfies” de sus fechorías.  Es posible que exista una foto del hecho por parte de un testigo, pero nunca la vi.  No obstante, les puede asegurar que en hecho fue denunciado en un documento presentado a una Fiscalía de la Ciudad de Buenos Aires.

Quejas a la Policía de la Ciudad no resolvieron nada.

Unos meses después, el edificio fue tomado por un grupo violento, supuestamente en defensa de los intereses de aquellos que deben haber dejado el edificio.  Otra vez, la policía no hizo nada.

Al ser esta banda incapaz de administrar la propiedad que se apropiaban, no lograron juntar el dinero para pagar las facturas.  Finalmente, después de varios meses, resultó en el corte del suministro de su fluido eléctrico.

Tres horas más tarde de aquel corte, vi que los usurpadores habían conseguido que el servicio se estableciera de vuelta.

El propietario fue informada de lo que pasaba.  En un día sábado, trató de comunicar con su empresa sobre lo que estaba pasando (no le importaba que cortasen los servicios, ya que no pudo cobrar alquileres hace muchos meses). La excelencia de sus servicios la dejaron en espera por unos 30 minutos.  Trató con otro número, que no tuvo nada que ver con reclamos, pero tuvo algo de éxito.

Me limito a decir que el servicio fue cortado por su empresa otra vez, y con rapidez, fue restaurado.

Una carta  (e-mail) fue enviada a la Fiscalía involucrada, en la cual se menciona aún otro corte y su tercera restauración.

De ahí, arguyo, entre la falta de la acción de la Policía, que obviamente no pueden actuar con la libertad que tuvieron en otros tiempos; de la falta de acción de la Fiscalía, – que tiene menos excusas, – pero por las evidencias suministradas a la Fiscalía, en primer lugar, debe quedar evidente que el titular de la propiedad no tuvo nada que ver con las conexiones irregulares, por haber sido aquella la misma persona que les llamó para denunciar la situación.

Segundo, conviene al titular de la propiedad, y a los inquilinos legítimos, que un corte de los servicios, además de representar un ahorro en el consumo, podría servir como aliciente para convencer a los malvivientes a desalojar la propiedad voluntariamente.

Tercero, se podría mostrar que la Fiscalía fue informada de los hechos ilícitos.

Por lo tanto, es un despropósito que Ustedes habían enviado una carta amenazando a la misma persona que denuncio los hechos.

A esto, quisiera agregar unos comentarios más fuertes.  No sé si podemos llamar su empresa parte de “corporativismo”, o sea, fascista.  Yo no lo haré.  Se dice que los Fascistas hicieron que los trenes andaban puntualmente.  Si esto sea tanto la verdad como una data relevante, su empresa debe proveer (si fuese de tales tendencias derechistas) un suministro igualmente confiable a los clientes.  Sabemos que no es el caso.  Por lo tanto, no vale la pena siquiera de insultar su empresa con esta epíteto abusado por la izquierda. He visto año tras año arreglos en exactamente el mismo lugar, ni hablar de todas las veredas que siempre están rompiendo.

Ya que estamos en el Siglo XXI, también deben saber cómo cortar el servicio de tal manera, que no será dentro de la capacidad de cualquier delincuente menor de restablecerlo dentro de pocos minutos.

Si dicha tecnología no existe, pueden haber puesto una vigilancia confiable por menos de tres horas para ver de qué forma, – y por quien, – las conexión fue manipulada.  Podrían haber hecho la denuncia de la persona responsable, y ayudado a solucionar el problema; sumando, de tal modo, sus pruebas con los del titular en la Fiscalía.

El hecho que tal cosa no ocurriese, me hace pensar, como sugiero en un artículo escrito aquí hace poco, Usurpación de propiedad y su apología del delito en una gran ciudad, que las ciudades y las empresas están conformes con estos tipos de actividades, por permitir ingresos ininterrumpidos a las tesorerías correspondientes, sea por impuestos, o sea por facturación de servicios.

¿Les interese únicamente los ingresos, sin importar la justicia equitativa?

20 de febrero de 2019.

Actualización de información

El día 26 de febrero me enteré que Edesur había enviado uno o varios empleados al edificio en cuestión, y amenazar con cortar el servicio dentro de 20 o 25 días, si la factura no se paga.  Pregunté sobre los credenciales.

¿Qué pasó con la amenaza original de cortar el servicio dentro de 48 horas (si entendí correctamente)?  Quisiera  que se corten antes de que la banda comience de extorsionarme,  ya que las denuncias que uno hace no sirven para nada.

26 de febrero de 2019.

Paul Karl Moeller.

 

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